8.27.2011

Mis Razones para un último Beso cap 3.2

Buff... bueno, aquí dejo el capítulo 3.2, porque es la segunda parte del capítulo La Entrevista, así que nada, aquí está:



La Entrevista -segunda parte-


La estancia no era muy acogedora que digamos pero al menos disponía de unos asientos individuales junto a la pared frente al recibidor, y una mesita donde se mantenían apiladas a duras penas unas cuantas revistas escogidas al azar y algún que otro periódico ya antiguo  lleno de garabatos hechos con bolígrafo. A la derecha del recibidor estaba una puerta por la que, si no recordaba mal, había entrado Frankie, y supuse que allí debía encontrarse reunido con el dueño de aquel antro, también por el hecho de que en un pequeño letrero escrito a negrita con un fondo gris metálico trajera: Marc Gilbert, El Jefe.
La muchacha de antes apareció de entre uno de los pasillos que formaban aquellos despachos separados tan solo por pequeñas paredes de plástico blanco enmarcados por tubos del mismo material pero en negro. Traía consigo unas cuantas carpetas recopiladas unas encima de otras con el riesgo de caer tarde o temprano y provocar un estropicio, por lo que fui rápidamente a ayudarla tomando la mitad de arriba.
-Esto… -dijo ella al ver mi acometida.
-Tranquila, ya te ayudo yo, no te preocupes –la interrumpí mientras seguía su paso.
-Bueno, vale, gracias –y las dejó sobre la mesa del recibidor.
Traté de acomodarlas haciendo otra fila al lado de la que ella había hecho, no sin tanta habilidad como la suya, y veía cómo se alzaba su melena cobriza en una coleta de caballo y cogía una de las carpetas para abanicarse con ella haciendo que su perfume a aromas de bosque rondase a su alrededor dejándome extasiado.
-Vaya, un sitio acogedor –solté en un suspiro breve y juntaba mis brazos a mis costados.
Ésta me contempló, clavándome la mirada firme, haciéndome sentir sumamente cohibido y deseé no haber dicho nada.
-¿De verdad lo crees? –preguntó sorprendida.
Me encogí de hombros como si nada.
-¡Ja! –soltó de repente –. Para el jefe es su primer hogar, para mí es mi lugar de trabajo y para el resto de los que están aquí también lo es –se explico apartando la mirada, concentrándose en la pantalla de ordenador escondido en uno de los rincones de aquella mesa y de vez en cuando desviándola en dirección a las carpetas.
-¿Primer hogar? ¿A caso vive aquí?
Volvió a cruzar su mirada con la mía, enarcando una ceja.
-Dedica más horas a su trabajo que a su propio hogar –dijo con voz neutra.
Asentí lentamente. No me sorprendía en lo más mínimo, para nada. Aún no conocía al que iba a ser mi jefe durante los próximos meses, pero como hombre que soy debía comprenderlo al sentirse aburrido de estar atado a un matrimonio que la única novedad que le proporcionaba era que en el supermercado habían cambiado de cajera porque a la anterior la pillaron “tomando prestado” productos del lugar.
-¿Y cómo es tu jefe? –pregunté al cabo de unos segundos.
No pude evitar acercarme más hasta apoyarme ligeramente sobre la madera y verla más de cerca. Aún tenía cierta apariencia adolescente pero con ciertos rasgos que la hacían ver como una mujer hecha y derecha.
-¿De veradad lo preguntas? –volvió a adoptar esa expresión sorprendida.
Y yo volví a encogerme de hombros.
Se mantuvo pensativa mientras se llevaba el bolígrafo a la boca y masticaba ligeramente el tapón que ya tenía viejos mordiscos, y pude ver que tenía ciertas manías, añadiendo el que se mordía las uñas pues  las tenía bastante descuidadas, y en el mismo estado se encontraban sus labios con alguna que otra herida en estado de curación. Tenía problemas de ansiedad y nerviosismo, lo cual conllevaba a problemas de estrés. Lo pude deducir por aquellas pequeñas señales además de haber visto un cilindro pequeño anaranjado de pastillas, calmantes mejor dicho.
-Pues el jefe es el jefe, ¿qué más quieres que te diga? Le gusta su trabajo, motivo por el cual exige a sus trabajadores toda la seriedad posible.
-Entonces es un adicto al trabajo.
-Se podría decir que algo así –encogiéndose ligeramente de hombros. Su actitud despectiva hacia su jefe me hizo ver que no estaba muy a gusto con su puesto. A lo mejor no tenía mejor propuesta que ésta y se encontraba encadenada a este trabajo sin mucha ilusión.
-Tu jefe debe ser un tirano –dije medio en broma aunque tratando de sonar sincero.
Ésta me clavó su mirada directa nada más proferir aquella frase.
-¿Por qué lo crees? –inquirió enarcando ambas cejas, intrigada.
-Pues porque mientras él está en su despacho retozando en un clima apropiado para el cuerpo humano, vosotros estáis aquí, soportando estas temperaturas que provocarían a cualquiera problemas de deshidratación –me expliqué como si fuera lo más obvio.
La muchacha aún conservaba esa expresión de intriga en el rostro aunque volvió a concentrarse en lo suyo.
-Y dime, ¿cómo sabes que tiene aire acondicionado?
-Pues porque siento cómo del pequeño resquicio debajo de aquella puerta –señalé la puerta del jefe –sale cierta brisa fría en comparación con la que siento en el cuello. Además, yo no he mencionado nada sobre ningún aire acondicionado.
Frunció el gesto aunque asintió satisfecha.
-Veo que eres un buen observador -murmuró.
-En muchos sentidos, la verdad –dije todo pagado de mí mismo.
Dejó todo lo que tenía delante para acomodarse sentándose en la silla, irguiendo la espalda, apoyando los codos sobre la mesa y acabando por entrelazar ambas manos para contemplarme seriamente desde su posición de secretaria.
"Vaya, vaya, qué poco disimula" pensé al verla cómo me examinaba lentamente hasta acabar por mantenerme la mirada.
-Y dime, esto… ¿Cuál es tu nombre, perdona? –quiso saber antes de seguir con la frase.
-Keith von Kramer –respondí mientras alzaba la mano para estrecharla con la suya.
Ella correspondió a mi saludo.
-Bien Keith. Dime, ¿qué más crees conocer del jefe? Porque me he quedado con la intriga de saber tu punto de vista –pronunció cada palabra con cierto tono divertido, como retándome.
Sonreí discretamente.
-¿De verdad te interesa? Me sorprende que quieras saber mi punto de vista… -entrecerré los ojos visualizando la pequeña insignia que llevaba prendida en la camisa para poder leer su nombre: Amanda G. –: Amanda –dije al final.
Ésta desvió la vista allí donde mis ojos se habían concentrado con anterioridad y sonrió volviendo a tomarme atención.
-Continúa por favor, no te detengas, que me interesa aunque no lo parezca.
Asentí.
-Si te soy sincero me importa muy poco lo que le pase a tu jefe, yo tan solo quiero terminar cuanto antes con todo esto e irme para casa y volver a mi vida antes de la sentencia –expresé.
Amanda se volvió a incorporar en su asiento contemplándome con más atención.
-¿Sentencia?
-Sí. Supuse que como eres la secretaria de este lugar debías de conocer mi caso, ¿o no?
En cuanto terminé de pronunciar la frase, ella rápidamente fue a revolver entre las carpetas, supuse que buscando una, y no me equivoqué porque enseguida cogió una amarilla y la abrió, pasando página por página hasta encontrar la que buscaba. Me enseñó la hoja.
-¿Qué es esto? –pregunté mientras le echaba un vistazo a lo que me acababa de entregar.
En ella estaban impresos mis datos personales al igual que mi currículum, mi pequeño inconveniente con la justicia y los motivos por los que debía trabajar en aquel lugar, también vi al final la firma de Frankie y la mía.
-Te puedes hacer una idea de lo que es, ¿no? –insinuó mientras se apoyaba hacia delante en la mesa –. La verdad es que la fotografía no te hace justicia –dijo con tono despectivo, enseñándome una fotografía tomada meses atrás en una rueda de prensa en la que aparecía tal y como estaba ahora sólo que con un traje diferente, regalo de  TommyHilfiger. Con ese pequeño halago me di cuenta de que ya estaba empezando a caer en mi telaraña. Genial. – Aunque, ¿sabes qué? Suelen haber muchos casos como el tuyo, no aguantan mucho tiempo trabajando para El jefe ya que como tú dijiste, en cierto modo, es un tirano.
Alcé la cabeza en cuanto lo dijo.
-¿Otros casos?
Asintió moviéndose aún sentada en la silla hasta un fichero detrás de ella y abrir uno de los cajones llenos de carpetas clasificadas alfabéticamente.
-Vaya… -solté en un silbido.
Le entregué la hoja con mis datos.
-¿Es que acaso el tirano de tu jefe no los aguantó lo suficiente y los echó? –volví a insinuar bromista.
Se encogió de hombros.
Antes de que dijera algo más se abrió la puerta del despacho y de ella se vio salir a Frankie acompañado del rey de Roma. Ambos se dieron un apretón de manos entre risas hasta que el jefe entró de nuevo dejando la puerta entreabierta.
-¿Qué haces aquí? –fue lo primero que dijo Frankie nada más verme allí, todo grosería.
-Yo también me alegro de volver a verte, eh…
-Como bien sabes te dije que te mantuvieras fuera –dijo, más bien murmuró muy cerca de mí.
-Bueno, ¿qué le vamos a hacer? Además, vine a hacer compañía aquí a la bella Amanda –le expliqué mientras me giraba mostrándole una sonrisa cómplice.
Ella hizo lo mismo muy atenta a nuestra conversación.
Frankie miró en su dirección y supo enseguida mis intenciones.
-Keith, por favor, no la cagues ¿de acuerdo? –me pidió abatido, llevándose una mano a sus ojos, masajeándolos.
-Eh, tranquilo. Puedes confiar en mí.
-¿Tú crees? –insinuó desconsolado.
-Pues claro, hombre de poca fe.
Éste suspiró aún preocupado.
-Esto, disculpad –dijo de repente Amanda, interrumpiéndonos. Ambos nos giramos en su dirección –. El jefe requiere de la presencia del señor von Kramer –anunció formal.
¿Me acababan de decir señor? Vaya formalidad para ser un sitio que carecía de ella.
Asentí, y no sin antes recibir una advertencia de Frankie, abrí la puerta del señor Marc Gilbert, más conocido como El Jefe.

8.26.2011

historia interesante: El mundo animal, ¿quién ha dicho que no tienen sentimientos?

Pues este reportaje lo encontré por casualidad, y si os soy sincera, me hizo llorar. ¿El motivo?, podéis saberlo si veis el vídeo:



Realmente esto me hace pensar en que los seres que todo el mundo cree que son inferiores en sentimientos y en el uso de la razón, (ven aquí Descartes), son quienes, en mi opinión, demuestran que realmente se merecen más apoyo. Yo tengo una gatita preciosa y este vídeo me hizo tenerla más aprecio, no porque antes la odiara a muerte, sino porque hay momentos en los que pega sin razón, aunque luego me pongo a pensar y sí, ella sabe cuándo hago algo malo, es mi consciencia perdida, ¿interesante verdad? 


8.24.2011

Hush Hush de Becca Fitzpatrick

1)HushHushjpg
Ya por la portada no tuve más remedio que leer el libro… soy de esas personas que se consideran: visionarias (jajaja), pero para el caso, no recuerdo exactamente dónde lo vi anunciado pero me lo leí en un viaje que hice a Londres y fue bastante entretenido, sobre todo tratándose de ángeles caídos y romances imposibles con humanos... cosa que os sonará ya mucho últimamente.

1)HushHushjpgFicha Técnica
Título: Hush Hush (Hush Hush)                                               
Autora: Becca Fitzpatrick  
Páginas: 496
Idioma original: inglés 
Fecha de publicación: Junio 2010 
Colección: Hush Hush #1 
ISBN: 978-84-666-4417-4
Encuadernación: Tapa blanda con solapas 
PVP: 15.00 €
Primeros capítulos aquí


Sinopsis
Nora Grey, una alumna aplicada en busca de una beca para la universidad, vive con su madre viuda en una granja a las afueras de Portland, Maine. Cuando Patch se convierte en su nuevo compañero de instituto, Nora siente a la vez atracción y repulsión hacia este extraño personaje que parece tener acceso a sus pensamientos. Luego se entera de que Patch es un ángel caído que quiere convertirse en humano. Nora está bajo su control, pero hay también otras fuerzas en juego y de repente se encuentra viviendo hechos inexplicables y en medio de una situación muy peligrosa.
Dios no perdonó a los ángeles cuando pecaron, sino que los arrojó al infierno y los dejó en las tinieblas, encadenados y guardados para el juicio.
2 Pedro 2:4

Comentario
Crescendo[5]Nora es una adolescente (¿a que no os esperabais esta?) bastante normal dentro de lo que cabe, un tanto antisocial pues su única amiga en el instituto es Vee, una chavala de lo más graciosa y borde, todo en uno, y que me cayó bien desde el principio. Vive con su madre, aunque prácticamente se la podría considerar independizada ya que su madre suele estar fuera de casa por semanas por motivos de trabajo, y su padre murió hace un año asesinado, algo que dejó a Nora un tanto trastocada.
Para esta protagonista todo empieza en una clase de biología (¿a que tampoco os esperabais esta?) donde, debido a un ejercicio de última hora propuesto por el profesor, Nora se ve de compañera del Crescendo[5]chico nuevo, misterioso y sexy: Path. Ya desde aquí empiezan las diferencias que se desarrollarán a lo largo del libro entre este par de dos pues mientras que Nora trata de evitarlo, Patch trata de acercarse a ella para conseguir su simpatía por motivos que sólo él conoce y que hace desconfiar enormemente a Nora, pues al parecer Patch conoce demasiado a Nora y la chavala es una sabueso estupenda si se trata de un tío nuevo que no conoce. Pero todo avanza y Nora irremediablemente se siente atraída por Patch, pero resulta que cierto chico en realidad sí es el malo malísimo con palabras mayúsculas que lo único que busca es… arriesgar la vida de Nora.
La chica, dispuesta a terminar de una vez sus deberes se adentra a los lugares frecuentados por Patch, lugares no recomendados para menores de dieciséis años por su alto contenido en humo y alcohol, pero como Nora se siente rebelde, pues qué se le va a hacer, ¿no? Y todo se alarga… y se alarga, y conseguimos descubrir, a parte de personajes que intervienen en la historia para bien o para mal, un ejemplo claro es Marcie Millar: archienemiga de Nora por razones que desconoce por lo que ella no repara atenciones en Mercie; Dabria: exnovia de Patch que trabaja en el instituto como psicóloga de Nora para mantener vigilados a estos dos (Patch y Nora) y hace de novia psicópata; Elliot Saunders: un chico amable pero misterioso que un día conoce Nora y no duda en querer estar cerca de ella, pero el misterio que lo rodea también rodea directa o indirectamente a Nora; Jules: amigo de Elliot, quien al principio tiene pinta de reservado y correcto, que sigue a su amigo a todas partes… pero resulta una revelación de último momento para la historia (ya sabréis por qué), y Rixon: amigo ángel caído de nuestro protagonista masculino.
patchPatch quiere liberarse por fin de las ataduras que supone ser un caído y por ello necesita a Nora, y como consecuencia de esto, tras varios incidente ocasionado sólo y exclusivamente para ella de parte de Don malote, Nora descubre la verdad de lo que es él en realidad: un ángel caído.
Tampoco es que fuera algo que no se esperara pues lo desvelaba hasta la portada, pero fue interesante cómo lo proponía y lo desarrollaba la autora, sus descripciones detalladas y entretenidas, y sus diálogos, sobre todo entre ambos protas fueron electrizantes y un tanto exasperante pues te quedabas con las ganas de querer responder, si os soy sincera a Nora a veces sentía ganas de darle una buena colleja para que reaccionara… Pero bueno, a lo que iba, Patch me gustó, no me encantó ni me enamoró como suele pasarme con otros protagonistas masculinos (Jace, Daniel, Lucas, Edward, Will…) pero no resultó para nada decepcionante, y su maldad y suspicacia y afán de arreglarse la vida aunque eso supusiera ser realmente macabro, fue lo que hizo que este personaje para mí fuera el mejor de todo el libro, porque de ahí el resto fueron un tanto de adorno. Pero el final… vaya final… sí, me sorprendió y eso me dio pie a leerme el siguiente que si os soy sincera, me encantó. Un libro altamente recomendable.

Fragmentos
–Allí va mi nuevo compañero –dije señalando la espalda de Patch en el pasillo. Caminaba de un modo irritantemente seguro, el tipo de andar que combina bien con camisetas estampadas y un sombrero de cowboy. Patch no vestía ni lo uno ni lo otro. Era de la clase de chicos que l levan tejanos oscuros y botas oscuras.
–¿El transferido del último curso? Supongo que la primera vez no estudió mucho. Ni la segunda. –Me lanzó una mirada astuta–. La tercera es la vencida.
-Esperemos que no te favorezca. ¿Tu sueño más anhelado? -Me sentí orgullosa de ésta porque sabía que lo dejaría sin respuesta. Requería pensar con antelación.
-Besarte.
-No tiene gracia -dije aguantando su mirada, agradecida de no haber tartamudeado.
-No, pero hace que te sonrojes.
(…)
-Has dicho unas pocas preguntitas. Ya vas por la cuarta.
- ¿Religión?
-Religión ninguna... Culto.
- ¿Perteneces a un culto? -me sorprendí, pese a que debería haber disimulado.
-Resulta que necesito a una chica sana para un sacrificio. Al principio había pensado en seducirla para ganarme su confianza, pero si ya estás lista...
Lo poco que quedaba de una sonrisa desapareció de mi rostro.
-No me estás seduciendo.
-Todavía no he empezado.

Becca FitzpatrickAutora
Becca Fitzpatrick 
Es la autora de "Hush, Hush", la novela romántica paranormal 
que se ha vendido a más de 30 países y que ha arrasado en las listas de 
bestsellers de medio mundo. Aunque se graduó en Ciencias de la Salud, 
abandonó muy pronto esta especialidad para dedicarse a su gran pasión,
 escribir. 

Canción

Unbreakable – Fireflight

Otras Publicaciones
Hush HushCrescendoSilencio